Cursos · Pasajes Difíciles · Nuevo Testamento; Yeshúa, el Padre y los textos más debatidos de los Escritos Apostólicos
Juan 17:3 — ¿Por qué Yeshúa llama al Padre “el único Dios verdadero”?
Pasajes Difíciles · Nuevo Testamento
Texto base: Juan 17:3; cf. Juan 1:1–18; 5:19–30; 8:42; 10:30–38; 14:8–11; 20:17, 28–31
Juan 17:3 es uno de los textos más incómodos del Evangelio de Juan para cualquier lectura que quiera borrar la distinción entre Yeshúa y el Padre.
La razón es sencilla:
Yeshúa ora al Padre
y llama al Padre
“el único Dios verdadero”.
El texto no aparece en boca de un opositor de Yeshúa.
No es una acusación farisea.
No es una frase mal entendida por la multitud.
Es parte de la oración de Yeshúa al Padre.
Por eso no se puede tratar como un detalle secundario.
Juan 17:3 no niega la importancia de Yeshúa. Al contrario, une la vida eterna con conocer al Padre y conocer a Yeshúa el Mesías enviado por el Padre. Pero precisamente por eso el texto debe leerse completo. No dice solamente que hay que conocer a Yeshúa. Dice que hay que conocer al Padre como “el único Dios verdadero” y a Yeshúa como el enviado.
La dificultad no está en que el versículo sea oscuro.
La dificultad está en que muchas teologías posteriores no saben qué hacer con él.
Texto antes que credo.
1. El texto base
Juan 17:3 dice:
“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Yeshúa el Mesías, a quien has enviado.”
El griego dice:
αὕτη δέ ἐστιν ἡ αἰώνιος ζωὴ
ἵνα γινώσκωσιν σὲ
τὸν μόνον ἀληθινὸν θεὸν
καὶ ὃν ἀπέστειλας
Ἰησοῦν Χριστόν
hautē de estin hē aiōnios zōē
hina ginōskōsin se
ton monon alēthinon theon
kai hon apesteilas
Iēsoun Christon
Una traducción literal sería:
“Y esta es la vida eterna:
que te conozcan a ti,
el único Dios verdadero,
y a quien enviaste,
Yeshúa el Mesías.”
2. La estructura del versículo es clara
El texto distingue dos referentes:
- “a ti” — el Padre, llamado “el único Dios verdadero”.
- “Yeshúa el Mesías” — el enviado del Padre.
La frase:
σὲ τὸν μόνον ἀληθινὸν θεὸν
se ton monon alēthinon theon
significa:
“a ti, el único Dios verdadero”.
El destinatario de esa frase es el Padre.
Después aparece Yeshúa:
καὶ ὃν ἀπέστειλας Ἰησοῦν Χριστόν
kai hon apesteilas Iēsoun Christon
es decir:
“y a quien enviaste, Yeshúa el Mesías”.
No se trata de una distinción menor. Es la gramática misma del versículo.
3. El verbo clave es “enviaste”
El verbo griego es:
ἀπέστειλας
apesteilas
Viene de apostellō, “enviar”.
Este lenguaje de envío no es accidental en Juan. Es una de las columnas del Evangelio.
Yeshúa no se presenta como una figura independiente que actúa por cuenta propia. Una y otra vez afirma que fue enviado por el Padre.
El Padre envía.
Yeshúa es enviado.
Esa relación no reduce la autoridad de Yeshúa, pero sí define su autoridad como autoridad recibida.
4. La vida eterna se define como conocimiento relacional
Juan 17:3 no define la vida eterna como una abstracción filosófica.
Tampoco la define como simple duración infinita.
La vida eterna es presentada como conocimiento:
conocer al Padre
y conocer a Yeshúa el Mesías enviado por el Padre.
Esto es decisivo.
El conocimiento del Padre y el conocimiento del enviado están unidos en la misma definición de vida eterna. Yeshúa no queda fuera de la vida eterna. Pero tampoco reemplaza al Padre como “el único Dios verdadero”.
El texto exige una lectura cuidadosa:
el Padre es el único Dios verdadero;
Yeshúa es el Mesías enviado por ese Dios.
5. Lo que el texto permite afirmar
Juan 17:3 permite afirmar con seguridad que Yeshúa distingue entre él mismo y el Padre.
También permite afirmar que el Padre es llamado por Yeshúa:
“el único Dios verdadero”.
Además, permite afirmar que Yeshúa se presenta dentro de la categoría de enviado.
No es enviado por sí mismo.
No es el origen último de su propia misión.
No habla como quien no responde ante nadie.
Habla como el Mesías enviado por el Padre.
6. Lo que el texto no permite afirmar
Juan 17:3 no permite afirmar que Yeshúa sea el Padre.
La escena misma lo impide.
Yeshúa ora al Padre.
Se dirige al Padre.
Habla de sí mismo como el enviado del Padre.
Por tanto, cualquier lectura que diga:
“Yeshúa es el Padre”
entra en conflicto directo con la forma del pasaje.
Pero el texto tampoco permite reducir a Yeshúa a un simple maestro religioso sin función única.
La vida eterna incluye conocerlo a él como el enviado del Padre.
Eso es una afirmación alta.
No es una afirmación común.
7. El error de borrar medio versículo
Hay dos formas de maltratar Juan 17:3.
La primera es usar el versículo para decir:
“Como el Padre es el único Dios verdadero,
Yeshúa no tiene una identidad ni autoridad singular.”
Eso no funciona, porque el mismo versículo une la vida eterna con conocer a Yeshúa el Mesías enviado por el Padre.
La segunda forma de maltratar el texto es decir:
“Como Juan tiene una cristología alta,
Juan 17:3 no debe pesar demasiado.”
Eso tampoco funciona.
Una cristología alta no autoriza a ignorar las palabras de Yeshúa.
La lectura responsable debe sostener todo el versículo, no solo la parte que encaja mejor con nuestro sistema.
8. Juan no presenta al Padre y al Hijo como la misma persona
En el Evangelio de Juan hay una distinción constante:
- el Padre envía;
- el Hijo es enviado;
- el Padre da mandamiento;
- el Hijo obedece;
- el Padre da autoridad;
- el Hijo recibe autoridad;
- el Padre glorifica;
- el Hijo es glorificado.
Esta relación es íntima, profunda y única.
Pero no es una relación de identidad personal.
Yeshúa no ora a sí mismo.
No se envía a sí mismo en el mismo sentido en que el Padre lo envía.
No llama “el único Dios verdadero” a una persona indiferenciada donde ya no puede distinguirse entre Padre e Hijo.
Ora al Padre.
9. Juan 17:3 debe leerse junto con Juan 20:17
Después de la resurrección, Yeshúa dice a Miriam:
“Subo a mi Padre y vuestro Padre,
a mi Dios y vuestro Dios.”
Juan 20:17 es un control importante.
El Yeshúa resucitado sigue llamando al Padre:
“mi Dios”.
Eso significa que la resurrección no borra la relación de Yeshúa con el Padre como su Dios.
Juan 17:3 y Juan 20:17 caminan en la misma dirección:
el Padre es el Dios de Yeshúa,
y Yeshúa es el enviado exaltado del Padre.
10. Juan 17:3 también debe leerse junto con Juan 20:28
Juan 20:28 presenta la confesión de Tomás:
“Señor mío y Dios mío.”
Ese texto no debe ser ignorado.
Pero tampoco debe usarse para borrar Juan 17:3.
Juan obliga a sostener ambos datos:
- Yeshúa llama al Padre “el único Dios verdadero”.
- Tomás dirige a Yeshúa una confesión con lenguaje de señorío y divinidad.
Si usamos Juan 17:3 para negar Juan 20:28, mutilamos el Evangelio.
Si usamos Juan 20:28 para borrar Juan 17:3, también mutilamos el Evangelio.
La pregunta seria no es cuál texto vamos a esconder.
La pregunta seria es cómo Juan puede sostener ambos.
11. El lenguaje de agencia ayuda a leer el Evangelio
En el mundo judío del primer siglo, el enviado autorizado representaba a quien lo enviaba.
Eso no significa que el enviado fuera ontológicamente idéntico al que lo envió.
Significa que actuaba con autoridad delegada.
Su palabra tenía peso porque venía en nombre de otro.
Este marco ayuda a entender mucho del Evangelio de Juan.
Yeshúa habla las palabras del Padre.
Hace las obras del Padre.
Revela al Padre.
Es recibido o rechazado como representante del Padre.
Pero esa autoridad representativa no elimina la distinción entre el enviado y quien lo envía.
12. La autoridad de Yeshúa es recibida
Juan 17:2 dice que el Padre dio autoridad al Hijo sobre toda carne.
Eso prepara Juan 17:3.
Yeshúa tiene autoridad.
Pero el texto dice que esa autoridad le fue dada.
Este patrón aparece en otros lugares de Juan:
- el Hijo no hace nada por su propia cuenta;
- el Hijo hace lo que ve hacer al Padre;
- el Padre le muestra sus obras;
- el Padre le concede tener vida en sí mismo;
- el Padre le da autoridad para ejecutar juicio.
La autoridad del Hijo es real.
Pero es autoridad recibida del Padre.
13. Juan 17:3 no es una negación de la preexistencia
Algunos usan Juan 17:3 para negar todo lenguaje de preexistencia en Juan.
Eso no es necesario ni responsable.
El mismo Evangelio contiene textos que hablan de Yeshúa en relación con su origen celestial, su venida del Padre y la gloria que tenía junto al Padre.
Pero Juan 17:3 obliga a leer esa preexistencia sin convertir a Yeshúa en el Padre.
La preexistencia no borra la oración.
La gloria recibida no borra al Dador.
La misión celestial no borra al que envía.
14. Juan 17:3 no es modalismo
El modalismo afirma, en términos generales, que Padre e Hijo son manifestaciones o modos de una misma persona divina.
Juan 17:3 no permite esa lectura.
La oración presupone relación.
Yeshúa habla con el Padre.
El Padre es destinatario.
Yeshúa es el enviado.
La gramática no permite convertir la oración en un monólogo disfrazado.
Si la distinción entre Padre e Hijo es real en el texto, no debemos borrarla para proteger un sistema posterior.
15. Juan 17:3 tampoco es adopcionismo simple
El adopcionismo simple reduce a Yeshúa a un hombre ordinario que luego recibe algún tipo de estatus especial.
Juan tampoco permite eso.
El Evangelio presenta a Yeshúa como el enviado que viene del Padre, revela al Padre, comparte una relación única con el Padre y es central para la vida eterna.
Por tanto, Juan 17:3 no debe usarse para rebajar artificialmente a Yeshúa.
El texto corrige la confusión entre Yeshúa y el Padre.
No corrige la grandeza de Yeshúa como Mesías enviado.
16. La palabra “único” debe tomarse en serio
La frase incluye:
μόνον
monon
“único”.
Yeshúa no dice simplemente:
“que te conozcan como Dios verdadero”.
Dice:
“el único Dios verdadero”.
Esto encaja con el monoteísmo de Israel.
Juan no está abandonando la confesión del Dios único.
Está ubicando a Yeshúa dentro de la misión y revelación de ese Dios único.
17. El título “Mesías” importa
El texto no dice simplemente:
“y a Jesús”.
Dice:
“Yeshúa el Mesías”.
Eso ubica a Yeshúa dentro de las esperanzas de Israel.
El Mesías no aparece como una figura desligada de la historia bíblica.
Es el ungido enviado por Dios.
Por eso Juan 17:3 no debe leerse en un vacío filosófico. Debe leerse dentro del marco de Israel, el envío, el Reino y la revelación del Padre.
18. La dificultad doctrinal real
La dificultad no es si Juan exalta a Yeshúa.
Juan sí lo exalta.
La dificultad es cómo lo exalta.
Juan exalta a Yeshúa como:
- el Logos hecho carne;
- el Hijo unigénito;
- el enviado del Padre;
- el revelador del Padre;
- el Mesías;
- el que recibe autoridad;
- el que da vida por comisión del Padre.
Pero esa exaltación no elimina la confesión de Juan 17:3.
Yeshúa no deja de llamar al Padre:
“el único Dios verdadero”.
19. Una lectura responsable debe evitar dos extremos
El primer extremo dice:
“Yeshúa llama al Padre el único Dios verdadero;
por tanto, Yeshúa no tiene una función divina o celestial significativa.”
Eso no representa a Juan.
El segundo extremo dice:
“Yeshúa recibe títulos y funciones divinas;
por tanto, cuando llama al Padre el único Dios verdadero,
no debemos tomarlo demasiado literalmente.”
Eso tampoco representa a Juan.
La lectura más seria es más exigente:
Yeshúa no es el Padre.
Yeshúa no es un simple maestro humano.
Yeshúa es el Mesías enviado por el único Dios verdadero.
20. La frase “a quien has enviado” no es decorativa
El envío define la identidad narrativa de Yeshúa en Juan.
Yeshúa no actúa separado del Padre.
No enseña una doctrina propia independiente.
No busca su propia gloria aparte del Padre.
Su misión está anclada en el que lo envió.
Por eso el lenguaje de envío protege dos realidades:
- la autoridad real de Yeshúa;
- la primacía del Padre como fuente de esa misión.
21. “Conocer” en Juan no es simple información
El verbo:
γινώσκωσιν
ginōskōsin
se refiere a conocer.
Pero en Juan conocer no es acumular datos religiosos.
Conocer al Padre implica reconocerlo, recibir su revelación y entrar en relación con él.
Conocer a Yeshúa implica reconocer al enviado del Padre.
Por eso rechazar al enviado es rechazar al que lo envió.
Pero de nuevo:
representar al Padre
no significa ser el Padre.
22. El contexto de la oración sacerdotal
Juan 17 aparece en el marco de la oración final de Yeshúa antes de su arresto.
El tono es solemne.
Yeshúa habla de gloria, misión, revelación, discípulos, unidad, santificación y envío.
No estamos ante una frase incidental.
Juan coloca esta oración en un lugar literario de enorme peso.
Por eso Juan 17:3 funciona como una ventana al centro de la relación entre el Padre y el Hijo.
23. La gloria del Hijo no elimina al Dios del Hijo
Juan 17:5 habla de la gloria que Yeshúa tenía junto al Padre antes que el mundo existiera.
Ese texto es fuerte.
Pero está dentro de la misma oración donde Yeshúa llama al Padre:
“el único Dios verdadero”.
Eso significa que Juan no ve contradicción entre:
- la gloria preexistente de Yeshúa junto al Padre;
- la distinción entre Yeshúa y el Padre;
- la confesión del Padre como único Dios verdadero.
El error moderno es usar un dato para destruir los otros.
24. Juan 17:3 y el Shemá
La confesión de que hay un solo Dios verdadero está en continuidad con la fe de Israel.
Juan no está escribiendo contra el Dios de Israel.
Tampoco presenta a Yeshúa como rival del Dios de Israel.
Presenta a Yeshúa como el Mesías enviado por el Dios de Israel.
Por eso Juan 17:3 no debe ser leído como si Juan hubiera abandonado el monoteísmo judío.
La pregunta correcta es:
¿Cómo entiende Juan la misión de Yeshúa
dentro de la confesión del único Dios verdadero?
25. La vida eterna no se entiende sin el Mesías
Aunque el Padre es llamado “el único Dios verdadero”, Juan 17:3 no deja a Yeshúa en la periferia.
La vida eterna se define también por conocer:
“a Yeshúa el Mesías, a quien has enviado”.
Esto significa que, para Juan, no se conoce correctamente al Padre rechazando al enviado.
El enviado hace visible la voluntad, la palabra y la obra del Padre.
Pero precisamente como enviado, no como Padre mismo.
26. El problema de las lecturas heredadas
Muchas lecturas doctrinales posteriores comienzan con categorías ya cerradas y luego buscan acomodar Juan 17:3.
Ese método es débil.
El orden debe ser inverso:
primero el texto,
luego el contexto,
después la inferencia,
y solo entonces la formulación teológica.
Si una formulación no puede tolerar que Yeshúa llame al Padre “el único Dios verdadero”, entonces el problema no está en Juan.
Está en la formulación.
27. El texto no necesita ser suavizado
No hace falta decir:
“Bueno, Yeshúa dijo eso solamente por su humanidad.”
Esa explicación puede pertenecer a desarrollos cristológicos posteriores, pero no debe usarse para silenciar el peso inmediato del texto.
Juan 17:3 debe escucharse en sus propios términos.
Yeshúa, dentro del relato joánico, ora al Padre y llama al Padre “el único Dios verdadero”.
Esa afirmación no es un problema que hay que esconder.
Es un dato que debe ordenar la lectura.
28. Tampoco debemos usar Juan 17:3 como arma simplista
El versículo no debe usarse para decir:
“Yeshúa no es más que un profeta.”
Juan no permite esa reducción.
El Evangelio presenta a Yeshúa con una autoridad, origen y función que superan las categorías de un maestro ordinario.
Él no solo enseña sobre Dios.
Revela al Padre.
No solo anuncia vida.
El Padre le ha dado autoridad para dar vida.
No solo habla en nombre de Dios.
Habla como el Hijo enviado desde el Padre.
29. La distinción entre dato textual e inferencia teológica
El dato textual es:
Yeshúa llama al Padre
“el único Dios verdadero”.
Otra cosa es la inferencia teológica que hagamos a partir de ese dato.
Una inferencia legítima debe respetar el dato.
No puede reemplazarlo.
No puede decir lo contrario del texto y luego llamarlo “interpretación profunda”.
La interpretación profunda no contradice la superficie gramatical sin razón suficiente.
30. La distinción entre Padre e Hijo no es una amenaza para Juan
Para Juan, la distinción entre el Padre y el Hijo no debilita la revelación.
La hace posible.
Yeshúa revela al Padre porque viene del Padre.
Habla las palabras del Padre porque fue enviado.
Hace las obras del Padre porque el Padre está obrando en él.
Si eliminamos la distinción, dañamos la lógica del Evangelio.
31. ¿Entonces Juan 17:3 niega que Yeshúa pueda recibir lenguaje divino?
No necesariamente.
Juan 20:28 muestra que el Evangelio puede poner en boca de Tomás una confesión extraordinaria dirigida a Yeshúa.
Pero Juan 17:3 regula cómo debemos leer esa confesión.
No se puede convertir Juan 20:28 en una afirmación de que Yeshúa es el Padre.
Tampoco se puede convertir Juan 17:3 en una negación de toda exaltación joánica de Yeshúa.
El Evangelio es más preciso que muchos debates modernos.
32. La categoría de “enviado” conserva la asimetría
La relación entre el Padre y Yeshúa no es una relación entre iguales funcionales en el sentido de que ambos envían y ambos reciben misión de la misma manera.
En Juan, el patrón es claro:
el Padre es la fuente;
Yeshúa es el enviado.
El enviado puede portar autoridad plena para cumplir su misión.
Pero sigue siendo enviado.
Esa asimetría es parte del texto.
33. La pregunta correcta
La pregunta no debe formularse así:
“¿Juan 17:3 prueba que Yeshúa no importa?”
Tampoco así:
“¿Cómo anulamos Juan 17:3 para conservar una doctrina posterior?”
La pregunta correcta es:
¿Cómo presenta Juan la identidad de Yeshúa
cuando el propio Yeshúa llama al Padre
“el único Dios verdadero”?
Esa pregunta obliga a leer el Evangelio entero sin trampas.
34. La respuesta mínima del texto
La respuesta mínima que el texto permite formular es esta:
El Padre es el único Dios verdadero.
Yeshúa es el Mesías enviado por el Padre.
Conocer al Padre y conocer al enviado pertenece a la vida eterna.
Cualquier teología que quiera ser fiel a Juan debe comenzar ahí.
35. La verdadera dificultad
La verdadera dificultad no es que Juan 17:3 sea ambiguo.
La verdadera dificultad es que el versículo obliga a disciplinar nuestras categorías.
Si nuestra cristología solo puede funcionar ignorando que Yeshúa llama al Padre “el único Dios verdadero”, entonces esa cristología necesita corrección.
Si nuestra lectura de Juan 17:3 solo puede funcionar negando la autoridad única de Yeshúa en el Evangelio, también necesita corrección.
Juan no nos permite escoger medio Evangelio.
36. Lo que el texto permite afirmar
- Yeshúa está orando al Padre.
- El Padre es el destinatario de la frase “a ti, el único Dios verdadero”.
- Yeshúa distingue entre el Padre y él mismo.
- Yeshúa se identifica como el Mesías enviado por el Padre.
- La vida eterna se define como conocer al Padre y conocer al enviado.
- El lenguaje de envío es central para la cristología de Juan.
- Juan 17:3 debe leerse junto con otros textos joánicos, no contra ellos.
- El versículo impide identificar a Yeshúa con el Padre.
- El versículo no reduce a Yeshúa a un simple maestro humano.
- La autoridad de Yeshúa en Juan es real, pero recibida del Padre.
37. Lo que el texto no permite afirmar con seguridad
- Que Yeshúa sea el Padre.
- Que Padre e Hijo sean la misma persona en Juan 17.
- Que la oración sea un monólogo simbólico sin distinción real.
- Que Juan 17:3 pueda ser ignorado por causa de Juan 1:1 o Juan 20:28.
- Que Juan 17:3 niegue automáticamente toda preexistencia de Yeshúa.
- Que Yeshúa sea un profeta ordinario sin función reveladora única.
- Que la categoría de “enviado” sea decorativa o secundaria.
- Que conocer al Padre pueda separarse del reconocimiento del Mesías enviado.
38. Entonces, ¿por qué Yeshúa llama al Padre “el único Dios verdadero”?
Porque, dentro del Evangelio de Juan, el Padre es presentado como la fuente suprema de la misión de Yeshúa.
Yeshúa viene del Padre.
Es enviado por el Padre.
Habla lo que recibe del Padre.
Hace las obras del Padre.
Recibe autoridad del Padre.
Pide ser glorificado por el Padre.
Y llama al Padre:
“el único Dios verdadero”.
Esto no disminuye la importancia de Yeshúa.
Define su importancia correctamente.
Yeshúa es el Mesías enviado por el único Dios verdadero.
39. La formulación más responsable
Una formulación exegéticamente responsable sería:
Juan 17:3 distingue claramente entre el Padre,
llamado por Yeshúa “el único Dios verdadero”,
y Yeshúa el Mesías,
presentado como el enviado del Padre.
Esa distinción no elimina la cristología alta de Juan.
Pero sí controla sus límites.
Yeshúa revela al Padre.
Pero no es el Padre.
Yeshúa es inseparable de la vida eterna.
Pero el Padre sigue siendo el único Dios verdadero al que Yeshúa ora.
Conclusión
Juan 17:3 debe funcionar como texto de control.
No permite una lectura que confunda al Padre y al Hijo.
Tampoco permite una lectura que reduzca a Yeshúa a un simple maestro sin autoridad única.
El texto dice que la vida eterna consiste en conocer:
al Padre,
el único Dios verdadero,
y a Yeshúa el Mesías,
a quien el Padre envió.
Ésa es la tensión que debe respetarse.
Si usamos Juan 17:3 para borrar la grandeza de Yeshúa, estamos leyendo mal.
Si usamos otros textos de Juan para borrar Juan 17:3, también estamos leyendo mal.
Juan no necesita que lo protejamos de sí mismo.
Necesita que dejemos de imponerle soluciones demasiado rápidas.
El Padre es el único Dios verdadero.
Yeshúa es el Mesías enviado por el Padre.
Conocer al Padre y conocer al enviado pertenece a la vida eterna.
Texto antes que respuesta fácil.
Evidencia antes que conclusión.
Control de la evidencia
Dato textual: Juan 17:3 forma parte de una oración de Yeshúa dirigida al Padre.
Dato textual: Yeshúa llama al Padre “el único Dios verdadero”.
Dato gramatical: la frase “a ti, el único Dios verdadero” tiene como referente al Padre.
Dato textual: Yeshúa se distingue de ese “ti” al presentarse como aquel a quien el Padre envió.
Dato léxico: apesteilas procede del lenguaje de envío y es central en el Evangelio de Juan.
Dato contextual: Juan presenta repetidamente al Padre como quien envía, da, manda y glorifica.
Dato contextual: Juan presenta a Yeshúa como enviado, receptor de autoridad, revelador del Padre y Mesías.
Control joánico: Juan 20:17 confirma que el Yeshúa resucitado sigue llamando al Padre “mi Dios”.
Control joánico: Juan 20:28 debe leerse junto con Juan 17:3, no contra Juan 17:3.
Inferencia exegética: Juan distingue entre el Padre y Yeshúa sin separar a Yeshúa de la revelación y vida eterna que proceden del Padre.
No demostrado: que Juan 17:3 identifique a Yeshúa como el Padre.
No demostrado: que Juan 17:3 niegue toda cristología alta.
No demostrado: que la categoría de “enviado” sea meramente decorativa.
Síntesis teológica: el Padre es el único Dios verdadero; Yeshúa es el Mesías enviado por el Padre, cuya misión es inseparable de la vida eterna.
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Curso: Pasajes Difíciles · Nuevo Testamento
Serie: Yeshúa y el Padre
Lección: 1
Texto estudiado: Juan 17:3
Textos relacionados: Juan 1:1–18; 5:19–30; 8:42; 10:30–38; 14:8–11; 20:17, 28–31
© Juan Carlos Suaste — Asamblea Berea